Menos es más

Menos es más

Una de las reglas más conocidas por todos en Ecología es la regla de las 3R. Reducir, Reutilizar y Reciclar son los tres pilares básicos para minimizar nuestra huella ecológica tanto individual como social y favorecer una gestión eficiente de los residuos que generamos. Según la Unión Europea en España cada persona produce unos 1500 kg de residuos al año sin considerar grandes residuos minerales (extracciones, construcción, etc.). Generamos una cantidad de desechos de este tipo similar o ligeramente inferior a la que producen otros países europeos como Alemania, Francia o Reino Unido. Tomando como referencia valores medios, un 10% corresponde a aguas residuales y un 8,5% a la basura que generamos en los hogares (Eurostat – Estadísticas sobre residuos). Por simplificar podemos asumir que una persona responsable genera 1 kg de residuos domesticos al día entre desagües y basura. Muchos de esos residuos son envases o embalajes que ocupan un gran volumen en relación con su peso, como es el caso de plásticos, aluminios y cartón.

Te animamos a que intentes calcular cuánto tiempo tardarías en llenar de desechos una habitación de tu casa a ese ritmo. Dependería del grado de compactación que lograras alcanzar en los envases, pero probablemente sería una cuestión de pocos meses. Ahora párate a pensar en toda la gente cercana a ti y suma habitaciones. ¿Y si lo elevamos a todos los habitantes de tu población? Demasiados residuos.

La regla de las 3R hace referencia en primer lugar siempre a REDUCIR. No es casual pues es la R más importante con diferencia. En ocasiones me he encontrado con opiniones que defendían que la regla debería incluir más de 3R (incluyendo Rechazar, Reparar y/o Recuperar). Todas ellas pueden asimilarse a una de las 3R fundamentales. Al igual que reparar y recuperar son dos formas de reutilización, rechazar es una manera, la más eficiente, de reducir el consumo de productos y por tanto reducir el consumo de los materiales, el agua y la energía para fabricarlos.

Pero cómo reducir el consumo de productos cuando la actualidad está marcada por políticas socio económicas basadas en gran medida en un crecimiento que es consecuencia del consumo material. Pueden parecer poco atractivas a priori las voces que abogamos por la reducción del mismo. Sin embargo, siempre hay alternativas. Probablemente ninguna de ellas es ideal pero a base de proponer, revisar y matizar seguro que de todas las propuestas se puede extraer algo positivo.

Con eso en mente me he puesto a pensar. Como consecuencia de la pandemia mundial por Covid-19 hemos descubierto que los seres humanos somos ávidos consumidores de conocimiento y entretenimiento. Actividades que nos permiten pasar más tiempo juntos y disfrutar unos de otros en lugar de emplearlo viendo escaparates o admirando un objeto nuevo. Debemos encontrar la forma de concienciar a la sociedad en términos del precio del consumo inmaterial. En los últimos años se han dado pasos de gigante en este sentido y a través de las diferentes redes de comunicación es posible acceder a un gran abanico de contenidos.

Es evidente que estamos hablando de sólo una pequeña parte del sector terciario y que no podemos prescindir del resto, ni boicotear la productividad de los sectores primario y secundario. Sin embargo, existe una alternativa viable para incorporar el objetivo de reducir en todos los sectores y es fundamentalmente una búsqueda de mayor calidad con un mayor rendimiento económico. No es sencillo cuando tendemos a incrementar los consumos materiales de productos con una vida útil cada vez más corta, en muchas ocasiones efímera. Pero es necesario si queremos asegurar la supervivencia de la especie en unos niveles de calidad de vida aceptables. Según estudios realizados con datos del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) la humanidad podría colapsar a mediados de este siglo por cambios irreversibles a corto plazo en nuestras condiciones de contorno. Dejando de lado esta evidencia, en sí suficientemente preocupante, y solo considerando las tasas de consumo de materiales, agua y energía, así como las tasas de generación de residuos actuales, se estima que en 2050 necesitaríamos 3 planetas como la Tierra para mantener el ritmo actual.

Hablamos en definitiva de asumir un incremento en el coste de la vida a corto plazo dentro de la economía familiar para notar los beneficios a medio o largo plazo. De otro modo, el coste de la vida se incrementará igualmente con medidas de supervivencia. Es decir, mediante impuestos ambientales, cánones, etc., que tratarán de compensar los impactos, pero sin que esos gastos reporten una mejora en la calidad de vida en contraste con el pasado inmediato.

Imaginemos por un momento que la sociedad está mentalizada y convencida para dar el paso hacia mayor consumo inmaterial y menor consumo material, siendo éste de mejor calidad y a un precio suficientemente más elevado como para mantener una sostenibilidad económica. Mantener el reto pasa necesariamente por que la economía personal y familiar pueda permitírselo.

En un mundo en el que muchas personas no tienen opciones, es necesario comenzar a exigir una mayor calidad del trabajo realizado por los empleados y comenzar a asumir una mayor retribución económica a cambio del mismo. En este escenario la eficiencia laboral ya no se fundamenta en el volumen de producción sino en un nivel de producción razonable y alcanzable con unos elevados criterios de calidad.

Hablamos de campos en los que las cosechas no producen apenas perdidas por plagas y enfermedades o las tasas de descarte actuales en los controles de calidad. Hablamos de fábricas en las que los materiales mejoran alargando la obsolescencia de los productos y los trabajadores pueden dedicar el tiempo y la atención merecida a cada uno, reduciendo taras y desechos innecesarios. Hablamos de un sector terciario en el que el trato al cliente y los servicios proporcionados superen las expectativas e inspiren confianza. Y por supuesto hablamos de un nuevo enfoque publicitario en el que se incite a valorar calidades y durabilidad del producto ofrecido a fin de convencer para asumir una mayor inversión.

En paralelo, trabajadores de todos los sectores que perciben una mayor retribución económica por hacer bien su trabajo. Trabajadores habilitados con una formación adecuada y específica, motivados por la reducción del estrés y por un resultado de su trabajo del que sentirse orgullosos. Trabajadores liderados por la seguridad de que mediante su trabajo podrán participar del nuevo paradigma socio económico y tendrán al alcance una buena calidad de vida.

Releyendo el texto anterior coincido contigo en que es una propuesta muy ambiciosa. REDUCIR es una meta épica que requiere reconstruir nuestra conceptualización del consumo desde los cimientos. En los últimos años todos hemos visto campañas de concienciación pública entre anuncios que nos incitaban al consumo. Todos hemos consumido en alguna ocasión bolsas al hacer la compra aunque ahora haya que pagarlas (en mi caso he tenido que hacerlo recientemente porque mi carro de la compra no aguantó el peso y rompió una rueda en el momento más inoportuno, haciendo alarde de su precioso diseño y falta de calidad a pesar de no haber sido de los más económicos de la tienda). La reducción del material en cada una de esas mismas bolsas, resulta frecuentemente en roturas que limitan su función y su reutilización. Todos miramos nuestro cambio de armario estacional con lástima porque nuestra prenda favorita de la temporada anterior está destinada a ser dada de baja porque ha perdido su color, la densidad de tejido necesario para ser lucida con dignidad e incluso la forma original. A todos nos gusta estrenar, nos produce una sensación placentera quitar el plástico protector de un móvil o ver nuestros pies con unos zapatos relucientes. Llevamos demasiado tiempo siendo aleccionados: lo nuevo te hará feliz. De manera que corremos desde que nos despertamos hasta que nos acostamos para solo detenernos esos pequeños instantes. Bueno vale, igual me he pasado… Pero un poco de eso sí que te pasa ¿o no?

Desde Siéntete ECO no podemos cambiar el mundo como nos gustaría pero si podemos animarte a hacer diferentes ejercicios antes de terminar de forjarte una opinión y unos objetivos a este respecto.

El próximo día libre que tengas ve la frutería más selecta de su barrio y tómate tu tiempo, disfruta del paseo, comparte la experiencia con alguien a quien quieras y una vez allí observa la fruta en detalle, siente los olores, los colores, los calibres y elige sin mirar el precio. Pocas piezas, unas 5-10 y de al menos 3 productos diferentes. No olvides llevar tu bolsa e intenta prescindir de las disponibles allí (la persona encargada de atenderte te lo agradecerá). Repite la operación en el supermercado más cercano y compra los productos equivalentes. Si hay a granel, a granel. Te animo a que observes la cara de la cajera cuando vea que has pegado la etiqueta del precio al pesarlo en un tomate suelto, en un calabacín o en una manzana. Volviendo a casa puedes reflexionar sobre qué te ha aportado cada una de las dos experiencias (sonidos, olores, colores, disposición de los productos; así como las esperas, la posibilidad de elección, etc.) Cuando llegues a casa compara ambas compras y el precio. A lo largo de la semana siguiente ¿es posible que haya alguna pieza no consumida en la nevera? ¿Se ha estropeado antes de lo previsto o simplemente no es tan apetecible por lo que queda olvidada en el cajón? Terminará siendo un residuo sólido innecesario y haciendo el cálculo de su precio probablemente la diferencia económica ante ambas compras ya no esté tan clara.

Otro ejercicio muy sencillo si tienes hijos o sobrinos es comprar dos juguetes. Una baratija y un juguete equivalente pero de buena calidad (un pequeño coche, muñeco, peonza o juego de construcción). No es necesario gastar más de 3-5€ para arrancar en un momento determinado una sonrisa a un niño y proporcionarle algo que, por manejable, puede significar mucho y acompañarle durante muchos días. Con toda seguridad ambos hermanos detectarán inmediatamente y preferirán el juguete bueno. Éste durará mucho más tiempo, podrá ser compartido por ambos y se convertirá en uno de esos tesoros especiales que reaparecen en diferentes ocasiones tras periodos de haber estado aparcados en un rincón. Pero podemos ir más allá y dedicar algo de nuestro tiempo a pintar una piedra y regalársela al hermano menos afortunado en el reparto inicial asegurándole que es mágica y que le acompañará en aventuras increíbles que están por venir a lo largo de su vida. No tendrás que hacer muchos esfuerzos, para que ese niño o esa niña no quiera desprenderse de la piedra por nada del mundo.

Para terminar solo una idea general: REDUCIR no es restar sino restar lo que te sobra. Lo que logramos es sumar bienestar, calidad de vida, experiencias, tiempo y atención a nuestros seres queridos y a nosotros mismos. Reduce y siéntete ECO.

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